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Jorrín compuso otras melodías del mismo estilo, y el nombre con el que originalmente llamó a sus experimentos
fue neodanzón. Este no es un nombre muy atractivo, pero nos habla de lo que el compositor pensaba de su nueva creación. Lo que
Enrique Jorrín componía, según él, no eran sino danzones que su creatividad modificaba.
El nombre que todos conocemos nació con ayuda de los bailadores, cuando al inventarse el baile que se acoplaba con el ritmo,
se descubrió que los pies marcaban un sonido peculiar al rozar el suelo, precisamente en tres tiempos seguidos, cha - cha - cha,
y de ahí, de ese sonido, nació, por onomatopeya, el nombre que despierta en todo el mundo los ganas de mover los pies, el
chachachá. El neodanzón es sólo el nombre original del cha-cha-chá.
Este nuevo ritmo se extendió rápidamente por el continente americano, sobre todo en México, donde llegó Jorrín para crear su
propia orquesta, hecho que contribuyó a que la Orquesta América también abandonara Cuba dejando paso a nuevas formaciones
cubanas que retomaron el cha-cha-chá. Su rápida difusión se debió a que es un baile festivo e intermedio, ni muy rápido ni muy
lento, por lo que cualquier persona, con pocas nociones de danza, era capaz de bailarlo y disfrutar con él. |
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